martes, junio 26

Busca delegado en Tlalpan que Misión Milagro ponga una clínica en nuestro país

Operan en Venezuela a los primeros cuatro mexicanos del grupo que padece cataratas

Pensábamos que en México tenían todos los servicios garantizados, dice directora del hospital

JOSEFINA QUINTERO M.

Andrés Ordaz Ramírez, uno de los 79 adultos mayores beneficiados por el programa Misión Milagro, es revisado por una enfermera del hospital Francisco Morales
Andrés Ordaz Ramírez, uno de los 79 adultos mayores beneficiados por el programa Misión Milagro, es revisado por una enfermera del hospital Francisco Morales Foto: Josefina Quintero

Caracas, Venezuela, 25 de junio. A menos de 24 horas de haber salido del Distrito Federal, este lunes por la tarde fueron intervenidas quirúrgicamente las primeras cuatro personas del grupo de 79 que padecen cataratas (41) y pterigión (38), en el hospital Francisco Antonio Rísquez, de esta ciudad venezolana.

Mediante el programa social Misión Milagro, que realiza Venezuela en países del sur y centro de América a personas de escasos recursos y que carecen de servicios médicos, el grupo de mexicanos, en su mayoría de la delegación Tlalpan, logró la gratuidad de una operación que en México tiene un costo de entre 8 y 15 mil pesos por ojo, dinero que, según sus propias palabras, es difícil de obtener porque son adultos mayores.

Este es el cuarto grupo de mexicanos que recurren al programa que realiza Venezuela, señaló la ministro consejera, encargada de negocios de la República Bolivariana de Venezuela en México, Eloísa Lagonel.

En entrevista, indicó que su país ha dado asistencia a personas de Quintana Roo, Tulancingo, Coacalco y Distrito Federal: "la convocatoria la estamos haciendo en todo el país y ya tenemos 800 personas en lista de espera de distintos estados".

Lagonel manifestó que desde que comenzó el programa en México -24 de julio de 2006-, se han atendido a 355 mexicanos de manera unilateral, sin embargo, ''esperamos que se restablezcan las relaciones entre ambos países para que sea un acuerdo nacional, porque el objetivo del programa es atender a seis millones de personas en 10 años en América ".

El grupo de 79 pacientes salió de la ciudad de México a las 10:30 horas del domingo 24 de junio, tras haber superado problemas administrativos que provocaron una espera de casi cuatro horas, problemas que, a decir de la ministro venezolana, se terminarían si hubiera un acuerdo de coordinación entre ambas naciones.

La tardanza no importó ante una visión empañada durante años por la carnosidad de sus ojos, o el "velo", como le llaman a la catarata, porque saben que está a punto de terminar. El mismo domingo de su llegada, fueron sometidos a los análisis previos para la intervención, que a decir de los doctores del hospital Francisco Antonio Rísquez, es sencilla y se cuenta con el equipo necesario para atender a los pacientes.

Algunos venezolanos ven con asombro la presencia de los mexicanos que solicitaron el apoyo en salud, comentó la directora del nosocomio Mercedes Alcina: "uno se imagina que en México todo está muy bien, que tienen todo garantizado y verlos aquí causa sorpresa".

Previo a la atención de los mexicanos, en el hospital estuvieron 100 salvadoreños, "gente muy humilde con severos padecimientos. Su pobreza se veía en la ropa, en la forma de hablar, porque decían que en su país eran tratados como basura", comentaron doctoras y enfermeras que recibieron a los adultos mayores de la capital.

Aseguran que Misión Milagro es un acuerdo de solidaridad con los "hermanos de América que hizo el presidente Hugo Chávez". Aleina reconoce la garantía que tienen en seguridad social, el acceso a la alimentación y la salud pública de los venezolanos, por ello ya esperan a los ecuatorianos y peruanos, pues tienen fechas programadas.

Por su parte, el director general de Desarrollo Social de Tlalpan, Adolfo Lluvere, reconoció que en México no se atiende adecuadamente a los enfermos, pese a tratarse de un "derecho social". Indicó que, según los datos de la Secretaría de Salud federal, 40 por ciento de las personas mayores de 60 años ya padecen catarata o pterigión.

Ante esta situación, el pasado 17 de junio solicitó al gobierno de Venezuela apoyo para la construcción de una clínica similar a los Centros de Desarrollo Integral que existen en el país sudamericano, para que en lugar de trasladar a los pacientes se atiendan en México.

El funcionario manifestó que el esfuerzo del gobierno mexicano para atender los servicios de salud es limitado, inclusive comentó que se reunió con el director de servicios médicos del Gobierno de la ciudad para ver en qué hospitales podría atenderse este tipo de padecimientos "y hasta el momento no ha respondido".

''Yo hice todas las calles del DF y ahora no las puedo circular''

Andrés Ordaz Ramírez, ex trabajador del entonces Departamento del Distrito Federal, se apoya en un bastón. La huella que dejó haberse dedicado al planchado de las calles de la ciudad le impide caminar.

Por el manejo de las maquinas pavimentadoras se fracturó una pierna; desde entonces cojea. El Don, como ya le llaman en el grupo, es un hombre pequeño en altura, pues no rebasa el metro y medio, y tiene 83 años, edad que tarda en reconocer, porque le gustaría mantenerla, por ello, después de unos minutos de silencio, dice que en noviembre tendrá 84.

Hoy fue uno de los primeros seleccionados para ser operado de la catarata, pero el nerviosismo y la emoción subieron su presión y tendrá que esperar hasta mañana la intervención.

Mientras, en el cuarto del nosocomio platicó con orgullo de su trabajo en Obras del entonces Departamento del Distrito Federal, oficio que inició en la época de Adolfo Ruiz Cortines.

Es oriundo de Miahuatlán, Oaxaca, pero desde 1952 llegó para "hacer la carretera México-Cuernavaca"; radica en el Distrito Federal, en la colonia Los Volcanes de la delegación Tlalpan.

Se mantiene con una pensión de 2 mil 800 pesos y antes de llegar a Caracas, consultó varias opciones para poder mejorar su vista, porque ve doble y ya no lo dejan manejar sus hijos. ''Yo hice todas las calles del Distrito Federal y ahora, por estos ojos que ven doble, no las puedo circular", comentó don Andrés, que ante tanto nerviosismo y emoción solo se frota las manos y las aprieta con sus rodillas.

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