sábado, noviembre 17

Desolación y tristeza prevalecen en Gaviotas PDF Imprimir E-Mail
  • Familias angustiadas limpian sus hogares y luchan por salvar algo de su patrimonio
  • Las escenas y los testimonios de tristeza se suceden en una catarata interminable que amenaza volverse cotidiana
  • Es la realidad de quienes ahora vivirán entre el esfuerzo y el desencanto, entre la reconstrucción y la incertidumbre, entre la tenacidad y la impotencia
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Escenas como esta se repiten en cada calle de la Colonia Las Gaviotas, son las pertenencias de cientos de familia que lo perdieron todo en solo cuestión de minutos ante la avalancha de las aguas de la Presa “Peñitas” (Foto: Pericles)

CECILIA VARGAS

Como otras muchas colonias de Villahermosa, Gaviotas Norte y Palomares parecen arrasadas por la guerra, montañas de muebles, enseres domésticos, ropa, camas, colchones y todo lo que en muchos hogares se habían obtenido durante muchos años y con el esfuerzo del trabajo.

El fétido olor , mezcla de agua de río, de los drenajes, animales muertos, basura y posiblemente de los cadáveres que tarde o temprano, como dicen en esta tierra “surdirán”, para desmentir las afirmaciones oficiales y aporten más elementos en cuanto a la magnitud de la desgracia.

El olfato en estos momentos no es capaz de distinguir, que es más penetrante, si el olor de que emana del lodo espeso y los restos mojados de agua contaminada en colchones, camas, enseres domésticos, ropa, alimentos descompuestos, o el de los litros de Pinol y cloro con que las familias tratan de limpiar sus casas.

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En la imagen se aprecia la enorme cantidad de muebles y enseres así como de basura es acumulada para ser recogida por maquinaria y ser enviados a través de camiones de carga a los basureros de la ciudad. (Foto: Pericles)

En la esquina del andador 3 de Luis Jaidar y la calle de Luis Jaidar, doña Chabe y su hija Karina -una jovencita con síndrome de Dawn- llora la pérdida de sus muebles, sobre todo de su estufa y su refrigerador.

Y no es para menos, en esa estufa, doña Chabe todos los domingos cocinaba enchiladas para vender y entre semana, a veces tamalitos y torta de elote que sus vecinos le compraban y en el refrigerador almacenaba las paletas que elaboraba, también para la venta y el sostenimiento de las dos.

Karina es la misma de siempre, no logra comprender la tristeza ni la preocupación de su madre por el futuro de las dos.

La profesora Georgina y su hijo Misael, trabajaban ayer afanosamente, considerando qué tiene posibilidad de salvarse luego de permanecer con casi dos metros bajo el agua, es difícil deshacerse del patrimonio logrado con tantos años de sacrificios y esfuerzo.

Lo más doloroso es agregar a una montaña de basura, cientos de libros científicos, especializados en biología, botánica, fisiología vegetal y los de literatura y periodismo patrimonio de su esposo.

La pérdida es infinita, la enfrenta una gran cantidad de familias de Villahermosa, pequeños comerciantes y empresarios pero también cientos de comunidades de Tacotalpa, Nacajuca, Centla, Macuspana y Comalcalco, que ni siquiera tiene sobre si las lámparas de los medios, muchos menos la atención de los gobiernos.

En algunas de las familias afectadas en Gaviotas, la inundación se llevó no solo todo su patrimonio o gran parte de él, sino también la vida de alguno de sus familiares.

En la esquina de Pepe del Rivero y Manuel Sánchez Mármol, el señor Ignacio y su familia perdieron entre otros enseres domésticos, la estufa y el refrigerador, dos herramientas indispensables para preparar los guisados para los tacos que venía para sostener a su familia y su madre todos los productos de su tienda de abarrotes

Recuerda que alrededor de las seis de la tarde del miércoles 31 de noviembre, cuando el nivel del agua había alcanzado por lo menos metro y medio, la hermana, el esposo y la hija de su vecina María del Carmen Rich, desde su balcón pedían desesperadas ayuda médica porque a doña Carmita le había dado un paro cardíaco.

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En camionetas de todo tipo son llevadas todas las cosas que han sido recogidas para ser llevadas fuera de los lugares que fueron anegados en la pasada contingencia que sufrieron habitantes de esta localidad. (Foto: Pericles)

Como hora y media después llegaron rescatistas, con muchos trabajos pudieron llegar a la altura de la vivienda, porque los arrastraba la corriente, y en lancha se llevaron a doña Carmen y su hija, “ella estaba todavía viva, porque su esposo y su hija le dieron primeros auxilios, pero en el trayecto murió” .

Más tarde salieron sus otros familiares, pero antes de que rescataran a la señora, su hermana brincaba desesperada y por la impotencia.

Nosotros, dice don Ignacio, pasamos en ese cuarto de arriba la noche del miércoles, no se podía descansar, la gente gritaba y nadaba en la oscuridad, y al otro día observamos cómo la corriente estrellaba los cayucos contra los postes o en las paredes y se desbarataban.

Ese jueves mi esposa logró salir en lancha con los niños y nos quedamos aquí mis padres, un hermano y una hermana.

Todo lo que teníamos en la planta baja lo perdimos, colchones, camas, roperos, estufa, refrigerador, muy pocas cosas logramos salvar, no nos dio tiempo de más.

De su futuro y el de su familia, don Ignacio dice:

“Si Dios nos ha permitido la vida y nos da la fuerza, teniendo la confianza en él, vamos a salir adelante”

De la ayuda que se está prometiendo, opina:

“Sabemos que ha llegado bastante ayuda. Si está bien coordinada, bien administrada llegará a nosotros, pero si no, solo la escucharemos anunciar”.

Para don Javier Quiroz Martínez y su familia, habitantes de Circuito Municipal 505, en Los Palomares y Gaviotas Norte “sucedió lo peor”. El agua del río nos vino de atrás, cuando la vi venir, le dije a mi esposa, “ahora si esto se irá al agua, agarre mi camioneta, saqué a mis hijos, sin sacar nada y nos fuimos para Tamulté”.

Sufrimos una pérdida total de los que teníamos en la casa, porque aquí en Palomares las viviendas son de un solo piso, no había manera de poner a salvo nada, el agua subió casi dos metros y medio.

Del futuro dice:

Vamos a comenzar otra vez, pero el gobierno solo nos ayudará con algo, lo demás no los vamos a recuperar, solo esperamos que no vuelva a pasar, porque si no me regreso a mi tierra Poza Rica, Veracruz.

Javier considera que las inundaciones son normales en Tabasco. Llevo viviendo en Tabasco 25 años, y siempre he tenido la idea de construir un cuarto alto atrás, porque he pensado, aquí nos hemos salvado de otras inundaciones que se han detenido con costales y más costales, pero que un día el Grijalva vendría con mucha furia.

Eso si, creo que si los gobiernos pasados hubieran construido un bordo desde Torno Largo hasta La Manga 1 y otro más grande del otro lado, en el malecón Carlos A. Madrazo, no hubiera sucedido tanta desgracia.

“Digo que si los gobiernos le hubieran “echado ganas” en la prevención, se hubiera evitado esta gran inundación, pero no es así, le ponen interés a otras cosas, y no quiero decir nombres, ni se llevaron o no el dinero”.

Ojalá este Gobernador le meta ganas, porque imagínese, nos dicen que nos van a dar vales por un refrigerador, una estufa, pero lo demás lo tenemos que comprar de nuevo nosotros, y que tal si no hacen nada y en los próximos años sufrimos una inundación como esta, “nos acabará”.

Don Román Cámara Calcáneo de la calle Administración 105 también en Palomares, está abatido por las perdidas, es diabético y ya antes de la inundación, por las consecuencias de su padecimiento y de la hipertensión, ve cada día menos, sus piernas permanecen hinchadas, y por esa circunstancia ya había perdido su empleo.

Como los demás residente de Palomares él, su esposa, su hija y una muchacha a la que le renta un cuarto perdieron sus muebles y aparatos electrodomésticos y dice que por lo pronto sus hermanos lo ayudan, pero eso, considera no será por el resto de su vida.

Para mi será difícil recuperarme, sin salud, ni empleo, y el raquítico ingreso que le da la renta de un cuarto.

Su esposa e hija se quejan de que en las listas que está integrando el gobierno para la ayuda prometida, solo están incluyendo a los propietarios de las casas, no así a las demás familias que viven en las mismas y que también se quedaron sin nada.

La hija con familia también, lamenta que en la Cruz Roja en donde ella estuvo apoyando para la atención de damnificados, incluso el día que se fueron al agua, ni siquiera una despensa les dieron.

En la larga fila que alrededor de la una se observaba en el parque de Gaviotas, cientos de damnificados esperaban su turno para anotarse con la esperanza de recibir la ayuda anunciada por los gobiernos federal y estatal, por lo menos para adquirir una mínima parte de los que perdieron

Ahí Mayté Izquierdo, que vive en la esquina de Luis Jaidar y Administración, dijo que para ella lo más importante fue salvar la vida de sus hijos y la de ella, “lo material se recupera como sea, la vida de uno no tiene precio. Primeramente Dios”

Para otros, lo más lamentable ha sido perder la seguridad de disponer de un hogar seguro en Gaviotas, Palomares, La Manga , de vivir, de ahora en adelante con la incertidumbre.

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